Complejo de doña florinda = fachopobre versión resto L.Am



  • L SÍNDROME DE DOÑA FLORINDA

    En Colombia, votar por “gente de bien” es un acto consciente de arribismo social, una manera de negar de dónde venimos y de reafirmar a dónde queremos llegar, cueste lo que cueste.

    Por: Alex Guardiola Romero

    En Colombia, la gente vota por quien se parece a lo que él mismo quiere llegar a ser, por el candidato o la candidata que representa sus aspiraciones sociales, por la figura que sintetiza su sueño no de sociedad o de país sino de figuración social; votar se convirtió en un acto de arribismo. Ese, que en nuestro país también podría ser llamado el “Síndrome de Doña Florinda”, expuesto hace pocos años por el argentino Rafael Ton, en el que la persona pese a vivir en una humilde vecindad se siente de mejor clase que los demás y denigra de las medidas que benefician a la “chusma” a pesar de que sigue cobrando los auxilios sociales, es la conclusión obvia tras la elección de los mandatarios recién posesionados.

    En Bogotá ganó Enrique Peñalosa no porque fuera el mejor candidato, sino porque los votantes sueñan con hablar como él, con haber nacido en Washington y que él les construya carreteras en las que puedan correr sus carros que aún pagan en cuotas mensuales en desmedro de la alimentación de su familia, porque en Colombia es menester tener primero carro que casa, comida o salud. El ciudadano que estudió en colegio público construido por los gobiernos de izquierda, que entró a la universidad pública sostenida por las luchas de la izquierda, y que ahora trabaja en una empresa con un sueldo que invierte en su totalidad en pagar la cuota del carro y de la tarjeta de crédito, piensa que ya no se necesita de esos guerrilleros disfrazados de políticos que promueven la inclusión y la educación en la capital de Colombia, sino a gente de su mismo nivel social (¿?) que deje de estar pensando en esos del estrato uno que afean las calles con sus ventas ambulantes y ropas de dudosa procedencia, que no los dejan entrar o salir de Starbucks tranquilamente. Esos pobres.

    En Barranquilla pasó algo similar. La gente volvió a votar por Alejandro Char porque siente que si lo hace ya es parte de la élite social de la ciudad, o que mediante su voto obtiene acciones en la Olímpica, porque en el fondo todos sueñan con tener un día la riqueza de él y creen que eligiéndolo alcalde la suerte está a la vuelta de la esquina, sin importar que uno de cada tres barranquilleros no tenga cómo comer las tres veces diarias, o que la ciudad sea de las más pobres de Colombia, con una pobreza monetaria de 25,5% -de las más altas del país- y una desigualdad vergonzante, donde los pobres son cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. En Barranquilla todos quieren ser como los Char, por eso los eligen, y por eso no importa que la ciudad sea la segunda de Colombia –por debajo de Cartagena- con los peores índices de necesidades básicas insatisfechas.

    En Colombia, votar por “gente de bien” es un acto consciente de arribismo social, una manera de negar de dónde venimos y de reafirmar a dónde queremos llegar. O una moda, si se quiere. La otra tendencia, la de satanizar todo lo que tenga que ver con política y rechazar per se –aunque se lo merezcan- a los políticos, es también una moda, una postura superficial que pretende incluir a quienes se sienten tan por encima de los demás que no necesitan de la política, olvidando que todo es política.

    Y es que los políticos colombianos se han especializado en crear espejismos, en resaltar estereotipos como método para conseguir votos. Así, no resulta extraño que la razón del voto hacia alguien sea su belleza o imagen, no sus propuestas y antecedentes. Se elige al bonito, al rico, al bien vestido, no tanto porque nos convenza sino porque lo envidiamos; en últimas, votar por ese “producto” nos asemeja a él. De repente, el candidato que promete borrar los grafitti de las paredes o quitar las casuchas de determinado sector como antídoto a la inseguridad nos simpatiza mucho más, quizás porque ello nos hace olvidar cómo era la casa de nuestra niñez. Votar es, también, un acto de olvido, una evasión necesaria para seguir viviendo en la fantasía.

    Pero toda fantasía se acaba. Es un círculo vicioso que comienza con una ruptura social que lleva al poder a gobiernos progresistas, que luego de algunos años saca de la pobreza a muchos, y que termina cuando esa clase emergente deja de apoyar a los gobiernos progresistas porque ahora ya se siente de mejor casta social. Pero la historia es cíclica y el gobierno plutócrata que ellos eligen termina por devolverlos a la miseria. Es como si no entendiéramos que aquel círculo social es cerrado y nunca se abre para el recién llegado.

    Por eso, porque el síndrome de Doña Florinda parece ser endémico en Colombia, no sorprende que seamos de los pocos países donde hay pobres de extrema derecha. Como si el hambre tuviera ideología.

    Bogotá, enero 04 de 2016

    https://opinemos.wordpress.com/2016/01/ … -florinda/



  • incluso en En brasil



  • Y este bachifleto que Chucha se cree…
    Care raja culiao



  • y este es el que pide estudios y datos duros para que lo convenzan?
    usando memes?



  • @Invitad@

    Y este bachifleto que Chucha se cree…
    Care raja culiao

    Y tu opinión sobre el artículo sería (obviando que te llega y te duele)?



  • Un plagio del famoso fachopobre



  • El sindrome doña florinda por Rafael Ton.

    ¿Qué es el síndrome Doña Florinda?

    La obra de Roberto Gómez Bolaños es universal, y en esa pequeña vecindad hizo el mundo, al menos el occidental -que es el nuestro-. Ahí tenés todo: el Señor Barriga es el símbolo del capitalismo; el Chavo es el chico de la calle; Don Ramón es el que tiene su casita; y está Doña Florinda, que es más rápida para juzgar a los otros. A ella le molesta más Don Ramón que el Chavo, porque él se niego a vivir en un barril, y no tiene casa. Y en cambio Don Ramón tiene, y ella se enoja porque él no paga la renta y ella sí.

    Eso es común, mirar al otro. Y él tiene su trabajo, pero para ella las cosas que hace son malas. Y eso es normal, denigrar la profesión del otro. Para ella el trabajo que él hace de albañil es una profesión menor, cuando en realidad la casa en la que vive la hizo esa gente que él desprecia.

    Una de las cosas que a mí más me molestan de Doña Florinda -que en realidad aclaro que no es algo genérico porque también hay "Florindos"- es cómo denigra al otro y su propio lugar. Ella no quiere el lugar donde vive, pero no se muda. Y el resto de quienes están ahí son la chusma. Ella se cree más que el resto, se cree de la realeza cuando no es más que el resto.

    ¿Cómo se aplica el síndrome en la sociedad argentina actual?

    Es tanta la mala onda que le tira a su propia vecindad que termina desvalorizando todo. Les molestan los hospitales que tienen un nombre que ellos no quieren; los centros culturales gratuitos, porque ellos pueden pagar una entrada al teatro; les gusta puerto Madero. Si vos le ofreces a una doña Florinda un perfume, te va a comprar un francés; argentino no quiere.

    Siempre lo de afuera es mejor que lo de adentro. Es como una escuela de lo que decía Jauretche con el medio pelo argentino, pero llevado a estos tiempos, donde las redes sociales te permiten ver más allá. Antes no lo decían porque quedaba políticamente incorrecto, pero ahora sí.

    ¿Se relaciona con algún cuadro político lo que plantea, haciendo esta lectura de las redes sociales?

    Es que no es una queja contra un cuadro político, sino la queja. Y se terminan haciendo mal a sí mismos porque es vivir en el lodo; todo es malo; todo puede ser peor. Pero afuera no. Acá trabajan y juntan los “sucios” pesos argentinos para comprar dólares. Y si vos vivís, de 365 días, 340 protestando de donde vivís, algo estás haciendo mal.

    Doña Florinda dice “a mí nadie me regaló nada, yo me lo gano con mi trabajo”. Pero en realidad el trabajo no tiene que ver, sino el país donde lo hacés. En otros países tu trabajo no vale lo mismo que acá, donde hay educación y atención en los hospitales gratuita.

    No creo que se circunscriba a un partido, pero sí creo que la matriz de esta gente tiene que ver con el desarraigo por lo propio y el no valorizar el trabajo ajeno ni propio. A doña Florinda no le importa si al Chavo le llegan vacunas, porque ella siempre lo justifica con el populismo la dádiva.

    Considerando el momento que vivimos no puedo evitar preguntarle, ¿a quién votaría hoy Doña Florinda?

    A Macri, seguramente. Y es un sector de la vecindad al que hay que respetar porque es el voto democrático. Don Ramón puede perder también la brújula de quién lo puede beneficiar. Es el acto democrático que gracias a Dios tiene nuestro país.

    Hoy lo más importante es ir por las ideas y no por las personas. Hoy ni Macri ni Scioli hicieron política de chicos. Hoy la política esta para cambiar las cosas, pero muchos te hablan como si la política fuera algo malo.

    ¿Cómo llegó a vincular un tema social con la serie “El Chavo del 8”?

    El cachetazo de Doña Florinda a Don Ramón uno lo ve en las redes sociales permanentemente, denigrar al otro, la chusma. De ahí salió la idea. Las cosas se juntaron. Es como dice Galeano: “A veces uno no escribe los libros, sino que los libros lo escriben a uno”.


    Señor Ton apaga la luz loco!!!!

    que wea más fome…
    Busquen la historia de las palomas y la izquierda, esa wea si que causa hilaridad.



  • @Under ®

    El sindrome doña florinda por Rafael Ton.

    ¿Qué es el síndrome Doña Florinda?

    La obra de Roberto Gómez Bolaños es universal, y en esa pequeña vecindad hizo el mundo, al menos el occidental -que es el nuestro-. Ahí tenés todo: el Señor Barriga es el símbolo del capitalismo; el Chavo es el chico de la calle; Don Ramón es el que tiene su casita; y está Doña Florinda, que es más rápida para juzgar a los otros. A ella le molesta más Don Ramón que el Chavo, porque él se niego a vivir en un barril, y no tiene casa. Y en cambio Don Ramón tiene, y ella se enoja porque él no paga la renta y ella sí.

    Eso es común, mirar al otro. Y él tiene su trabajo, pero para ella las cosas que hace son malas. Y eso es normal, denigrar la profesión del otro. Para ella el trabajo que él hace de albañil es una profesión menor, cuando en realidad la casa en la que vive la hizo esa gente que él desprecia.

    Una de las cosas que a mí más me molestan de Doña Florinda -que en realidad aclaro que no es algo genérico porque también hay "Florindos"- es cómo denigra al otro y su propio lugar. Ella no quiere el lugar donde vive, pero no se muda. Y el resto de quienes están ahí son la chusma. Ella se cree más que el resto, se cree de la realeza cuando no es más que el resto.

    ¿Cómo se aplica el síndrome en la sociedad argentina actual?

    Es tanta la mala onda que le tira a su propia vecindad que termina desvalorizando todo. Les molestan los hospitales que tienen un nombre que ellos no quieren; los centros culturales gratuitos, porque ellos pueden pagar una entrada al teatro; les gusta puerto Madero. Si vos le ofreces a una doña Florinda un perfume, te va a comprar un francés; argentino no quiere.

    Siempre lo de afuera es mejor que lo de adentro. Es como una escuela de lo que decía Jauretche con el medio pelo argentino, pero llevado a estos tiempos, donde las redes sociales te permiten ver más allá. Antes no lo decían porque quedaba políticamente incorrecto, pero ahora sí.

    ¿Se relaciona con algún cuadro político lo que plantea, haciendo esta lectura de las redes sociales?

    Es que no es una queja contra un cuadro político, sino la queja. Y se terminan haciendo mal a sí mismos porque es vivir en el lodo; todo es malo; todo puede ser peor. Pero afuera no. Acá trabajan y juntan los “sucios” pesos argentinos para comprar dólares. Y si vos vivís, de 365 días, 340 protestando de donde vivís, algo estás haciendo mal.

    Doña Florinda dice “a mí nadie me regaló nada, yo me lo gano con mi trabajo”. Pero en realidad el trabajo no tiene que ver, sino el país donde lo hacés. En otros países tu trabajo no vale lo mismo que acá, donde hay educación y atención en los hospitales gratuita.

    No creo que se circunscriba a un partido, pero sí creo que la matriz de esta gente tiene que ver con el desarraigo por lo propio y el no valorizar el trabajo ajeno ni propio. A doña Florinda no le importa si al Chavo le llegan vacunas, porque ella siempre lo justifica con el populismo la dádiva.

    Considerando el momento que vivimos no puedo evitar preguntarle, ¿a quién votaría hoy Doña Florinda?

    A Macri, seguramente. Y es un sector de la vecindad al que hay que respetar porque es el voto democrático. Don Ramón puede perder también la brújula de quién lo puede beneficiar. Es el acto democrático que gracias a Dios tiene nuestro país.

    Hoy lo más importante es ir por las ideas y no por las personas. Hoy ni Macri ni Scioli hicieron política de chicos. Hoy la política esta para cambiar las cosas, pero muchos te hablan como si la política fuera algo malo.

    ¿Cómo llegó a vincular un tema social con la serie “El Chavo del 8”?

    El cachetazo de Doña Florinda a Don Ramón uno lo ve en las redes sociales permanentemente, denigrar al otro, la chusma. De ahí salió la idea. Las cosas se juntaron. Es como dice Galeano: “A veces uno no escribe los libros, sino que los libros lo escriben a uno”.


    Señor Ton apaga la luz loco!!!!

    que wea más fome…
    Busquen la historia de las palomas y la izquierda, esa wea si que causa hilaridad.

    La columna de Henry Boys?
    Es un axel kayser pero más pechoño no más…

    Dicen que son androides creados en Libertad y Desarrollo


 

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